La ciudad de cuento alemán

La ciudad de cuento alemán
Espero que vivas una vida de la que puedas sentirte orgullosa toda la vida. Por eso, vamos a empezar.

sábado, 26 de noviembre de 2016

No hay blog que morriña no cure

Lo cierto es que muchas veces la vida Erasmus te deja muy poco tiempo para pensar en la vida que solías tener habitualmente, la que todavía existe más allá de esta burbuja llamada ‘’Erasmus’’. El Whatsapp, el Skype, el Facebook y muchas otras herramientas de comunicación siempre te permiten estar cerca de los tuyos estés donde estés y a todas horas, pero a veces lo único que necesitas es un abrazo, ni siquiera el más moñas de los mensajes de Whatsapp sería capaz de alegrarte el día.

Y es que supongo que es normal que la morriña haya llegado casi después de dos meses viviendo aquí. En mi caso con lo que yo soy la verdad es que ya estaba tardando mucho en venir...

Y no solo porque aquí ya haya empezado el mercado de navidad (que ahora os adjunto una foto) sino porque vivo en un país en el que todo el rato dicen que jamás podrían entender ni compartir tu ritmo de vida. Sonríes mucho, hablas rápido y alto y eso está muy bien, pero eres española y cenas a las 21:30-22:00 de la noche y no es que solo seas rarita, es que estás loca.

Manda narices que la gente beba vino caliente y seas tú la rara...

Hasta ahora, he tenido dos visitas maravillosas y aún quedan visitas bonitas y esperadas por venir. Pero qué bien… Cómo se agradece ver que tu amigo del alma saca de la maleta de mano un bote de berenjenas en vinagre de Almagro porque sabe que te encantan. Y que si ya de por sí juntos teníais aventuras que contar, ahora ya podemos escribir la más larga de las novelas juntos. 

''Alberto, creo que deberíamos irnos ya... la japonesa nos está mirando con cara de que ella también quiere hacerse fotos
modelito''

Y cómo se agradece esperar que vengan dos personas a verte pero que de pronto aparezcan cuatro más y lo único que te salga sea un ''¿¡PERO QUÉ HACÉIS VOSOTROS AQUÍ?!
Me dicen a mí que el sábado previo a mi cumpleaños estaríamos yendo en una furgoneta siete personas con el reggaeton a tope a Zürich (Suiza) y no me lo creo. 

Nos sablaron pero Conchita nos llevó a nuestro destino y seguimos vivos 

Y que sí, que ya sabemos que lo bueno no puede durar eternamente, pero de vez en cuando todos necesitamos estar rodeados de los nuestros un ratito. Aunque dicho esto, he decidido que llamaré a mis abuelos más de vez en cuando, por lo menos hasta que se pasen un poco estos dias de morriña.

Hoy, por echar de menos, echo de menos hasta las lentejas de mi madre. Esas que me pone en el plato tras decirme que con ella el dicho de ‘’las lentejas, si las quieres las comes y si no las dejas’’ no vale de nada. Por no hablar de las típicas preguntas que te atosigan de padre, cuando no entiende algo del Facebook y se cree que tú sí lo haces porque ''eres experta en aplicaciones''. Y ay… mi hermana y sus ‘’CHICA, QUE SI COGES LA ROPA QUE NO ES TUYA POR LO MENOS HAGAS EL FAVOR DE PEDIR PERMISO’’ 

Me dicen a mí hace tres meses que voy a echar de menos estas cosas y no me lo creo.

Me gusta viajar, conocer gente nueva todo el rato, hablar alemán e inglés (y ahora chapurrear francés), comparar mi país con el de otras personas y sobre todo, me encanta verme bebiendo una jarra de cerveza más grande que yo. Que sí, que no paro, que en las fotos se me ve muy muy feliz (y lo estoy gracias a la familia que tengo aquí) pero hay dias en los que te apetece mucho estar con los tuyos. Momentos en los que, aunque suene mal, no te apetece ser simpática, estar alegre, sonreír, ni unirte al plan. Te apetece escuchar música triste y tener muy cerquita a los que mejor saben llevarte.

Por eso cuando salga esta noche, me beberé la jarra de cerveza más grande que haya en Freiburg y a seguir. Por todas las personas que sabrían exactamente qué hacer cuando tengo estos dias cruzados. Y sobre todo, por todos los que me seguís leyendo.

Ganas de gachas, mucha paella, sopa de mi abuela y volver de fiesta a las 7 de la mañana no me faltan. Pero a pesar de echar todas estas cosas de menos de vez en cuando, bastante corta es ya la experiencia como para que encima la desperdiciemos echando de menos todo el rato. Además, antes de venir aquí le prometí al ‘’monito’’ de mi vida que sonreiría mucho y bebería mucho vino aun estando sin su compañía (lo estoy haciendo abuelo, he mejorado mucho el saque)

Hay dias y dias y estos no han sido los mejores, pero sigo pensando que la lotería este año yo ya la he ganado con esta experiencia y con la gente que me he encontrado aquí.

Y con los polvorones y mazapanes a punto de impregnarse en las caderas y en el pandero, me despido.

PD: tía, ya he puesto la letra más grande para que me leas mejor.

Bis bald!

Rocío.

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